Todos los días nos empeñamos en tener mejor casa, más dinero, más fama, más amigos, más mujeres..más todo. A veces las cosas pasan tan deprisa que no somos capaces de quedarnos con los pequeños momentos. Supongo que algo grande es la suma de muchas cosas pequeñas.

En estos pequeños detalles siempre está el conocer gente. Cada día conocemos a alguien o descubrimos a alguien. El 99% de las veces no deja de ser alguien normal, que mea y caga cuando tiene ganas. Hacía tiempo que no tenía el placer de conocer a alguien especial.

Conocí a Mani hace casi dos meses. Comí en su casa y debatimos sobre caballos. Lo de menos fue quien llevaba la razón. Su cara y sus ojos son historia viva. Tiene ese mirada de haberlas pasado putas mucho tiempo. Tendría derecho a ser un tío ácido, desconfiado, o cualquier cosa negativa que se te pueda ocurrir. Pues no. Es y será un puto luchador, una persona de los dar sin recibir nada a cambio.

Su vejez es experiencia, no son años. Sus canas no son blancas, son elegantes.

Lo tenía por una gran persona, un ser humano de los pocos que quedan.

Me quedé corto.

Hace un par de días tuve la agradable sorpresa de una llamada telefónica suya. Sabía mi éxodo hacia ninguna parte. Él es de allí y siempre lo será. Lo primero que me soltó es que no quería saber nada de mis razones. Él sólo veía en mí un amigo, en alguien con quien hablar de la vida y como no, de caballos. Aparte de animarme a perseguir mis sueños, me ofreció su casa como la mía, me ofreció un café como si fuera de mi cafetera, me ofreció una almohada como si fuera mi cama.

Quizás soy egoísta si utilizo las palabras donde sólo tiene que haber sentimientos. Pero cuanta gente tendría que aprender de Mani, esos que prometen llamadas y si quedan sin cobertura.

Mani, aquí estoy. Te debo una...tras de otra. Gente como tú hace que la vida tenga sentido.

Firmado, un humilde gran amigo.

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